viernes, 20 de febrero de 2009

Él, lleno de ardor y desprecio...

Él, lleno de ardor y desprecio pensaba que era el final. Se odiaba a sí mismo porque sabía que de haberse comportado de otro modo las cosas no hubieran acabado tan mal. Ella le miraba decepcionada. Le había roto el corazón en tantos trozos como los de porcelana que yacían sobre el suelo. Él lloró de rabia e impotencia al tiempo que se agachaba a recoger las flores marchitas. Ella le dijo: “Déjalo, y vete.”
Esas palabras le encogieron el alma. Se dio la vuelta y empezó a caminar dejándose la mente en aquel lugar. Tras unos cuantos pasos se detuvo y la miró. Ella seguía ahí, de pie, impasible. Él notó una corriente de adrenalina recorriéndole el cuerpo.
No pudo contenerse y un grito desgarrado salió de su garganta: “¡Siento haber roto el jarrón, mamá!”

A continuación entró en su habitación y cerró la puerta. Esperaba que ella fuera a consolar la culpa que había invadido su corazón.